El arte de no romperse
Título: La mala costumbre.
Autora: Alana S. Portero (Madrid, 1978).
Editorial: Seix Barral (en su prestigiosa colección Biblioteca Breve).
Género: Narrativa / Ficción contemporánea.
Páginas: 256
Fecha de publicación: Fue presentada con gran éxito en la Feria del Libro de Fráncfort de 2022.
Traducciones: Se ha traducido a diversos idiomas, incluidos el inglés, el francés, el alemán, el italiano y el neerlandés.
Hola, amantes de la cafeína y las buenas historias.
Pues sí, nuestra pintora ha elegido La mala costumbre de Alana Portero, y menuda pedrada. Antes de nada: esto no es una lectura para domingo de siesta ni para llevar a la playa. Es una novela que duele, que remueve, que a ratos te deja sin aire… pero ojo, también es poética, feroz y necesaria.
La historia arranca en el San Blas de los ochenta, un barrio obrero de Madrid arrasado por la heroína, donde una niña que no sabe cómo llamarse a sí misma crece atrapada en un cuerpo que no reconoce como suyo. Nos habla desde esa primera persona desgarradora, con una prosa que a veces parece un puñetazo y a veces una caricia. La acompañamos en su adolescencia entre yonquis que caen como ángeles terminales, madres que trabajan hasta reventar, vecinas como Margarita (una mujer trans mayor que vive en los márgenes) y la Peluca, una bruja estraperlista que da más miedo que ternura… aunque al final ambas se parecen más de lo que parece.
Luego está la huida al centro de Madrid, al Madrid de los noventa, a Chueca clandestina, a los bares de ambiente, a las primeras citas con Jay (primer amor, primer beso, primer «Sempre»), y más tarde a las noches de faldas y tacones a escondidas, de luces de neón y de hombres-dragón que devoran para que una se sienta viva. Pero la noche es traicionera, y el día, el maldito día, exige volver a ser el cadáver que pasea con camisa y voz grave.
Lo que más me ha matado, hablando claro, es cómo retrata Portero esa doble vida: la de fuera, la de «machote» que espera su madre, y la de dentro, la de la niña que baila a Madonna en su cuarto y se maquilla a escondidas. El miedo constante. El armario como ataúd. Y cómo, a pesar de todo, aparecen mujeres que la rescatan: Eugenia «la Moraita», puta trans con un corazón más grande que sus tacones; Paula «la Chinchilla»; Raquel «la Cartier»; y al final, Margarita de vuelta, ya mayor y enferma, como un espejo donde mirarse sin huir.
La novela no escatima en crudeza: violencia machista, palizas correctivas, la humillación del «señor Jiménez» llamando señor a una mujer trans delante del cadáver de su madre. Hay escenas que se clavan en las tripas (esa noche en la calle Fernández de los Ríos… madre mía). Pero también hay ternura, mucha, y una belleza muy sucia en los altares de fotos de Antonio, en los aquelarres de travestis, en la ceremonia de vestir a una muerta para que se vaya guapa al otro barrio.
Al final, la protagonista no tiene nombre (o lo tiene todas: Hécuba, Casandra, la Bikina, la Reina de Mayo,Valeria, Agata,)pero existe. Y eso, en un mundo que ha intentado borrarla, es un acto de resistencia y de orgullo.
Así que nada, gracias a nuestra pintora por traer esta lectura que no deja indiferente. Y gracias a vosotras por leer y por debatir, aunque hayamos necesitado más de un café para recomponernos.
Nos vemos en la próxima taza, con lecturas más amables… o igual de desgarradoras. ¡Gracias por leer y por debatir!Bicos Avispa
Sobre la autora: Alana S. Portero
Alana S. Portero nació en 1978 y se crió en el barrio de San Blas, en Madrid. Es licenciada en Historia por la Universidad Autónoma de Madrid, donde se especializó en Historia Medieval. Además de su faceta como historiadora, es una creadora polifacética: trabaja como escritora, dramaturga y directora escénica.
Su labor como periodista está marcada por una profunda carga de crítica social, la cual trasladó con maestría a su primera novela, La mala costumbre. Esta obra narra en primera persona la vivencia de una niña trans que habita un cuerpo que no reconoce. Tras su gran éxito en la Feria del Libro de Fráncfort en 2022, la novela ha sido traducida a idiomas como el inglés, francés, alemán, italiano y neerlandés.
Una cita para reflexionar
Como cierre, esta frase de Alana resume muy bien la esencia de lo que hemos debatido:
"Escribir es una forma de no rendirse, de decir que estuvimos aquí y que nuestra historia, por muy rota que parezca, merece ser contada con belleza".




❤️❤️❤️
ResponderEliminarUna reseña genial!
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